El faraón de las sombras
Nadie se atrevía a entrar en la tumba. James no lo entendía. Todos ellos habían trabajado con él en muchas excavaciones y nunca habían mostrado esa actitud. Al contrario, siempre que se descubría algo, todos querían ser los primeros en adentrarse en la profundidad de la tierra para encontrar algo que les permitiera a ellos y a sus familias abandonar la pobreza que presidía sus vidas. Intentó convencer a los que mejor conocía, pero no sirvió de nada. Estaba claro que tenía que ser él. Cogió una antorcha, la impregnó de aceite y la acercó a la lámpara de su tienda hasta que prendió. Con ella en la mano, se dirigió hacia la grieta abierta, a modo de puerta, en el terreno. Volvió la mirada hacia atrás para ver si alguien le seguía. Nadie. Se internó en la tumba con mucha precaución.

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