Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Taller de cuentos

Categoría: Relatos sin fin

20/02/2008 GMT 1

El faraón de las sombras

chematerri @ 20:59

Nadie se atrevía a entrar en la tumba. James no lo entendía. Todos ellos habían trabajado con él en muchas excavaciones y nunca habían mostrado esa actitud. Al contrario, siempre que se descubría algo, todos querían ser los primeros en adentrarse en la profundidad de la tierra para encontrar algo que les permitiera a ellos y a sus familias abandonar la pobreza que presidía sus vidas. Intentó convencer a los que mejor conocía, pero no sirvió de nada. Estaba claro que tenía que ser él. Cogió una antorcha, la impregnó de aceite y la acercó a la lámpara de su tienda hasta que prendió. Con ella en la mano, se dirigió hacia la grieta abierta, a modo de puerta, en el terreno. Volvió la mirada hacia atrás para ver si alguien le seguía. Nadie. Se internó en la tumba con mucha precaución.

La casa del viento

chematerri @ 20:59

- ¿Has visto aquello?
- ¿Ese saliente de la montaña?, respondió el montañero más joven.
- Sí, a eso me refiero. Fíjate bien, ¿no ves algo más?
- La verdad es que no.
- Hay una casa - dijo su padre pensativo – allí. Es increíble que alguien pueda vivir … a no ser que …
No siguió hablando, lo cual preocupó enormemente a su hijo. Su padre no era muy hablador, pero nunca dejaba una frase sin terminar. Decidió que subirían hasta ese lugar y, aunque la subida era bastante complicada, eso no era lo que más le inquietaba. Quiso convencer a su padre para que dieran la vuelta hasta el refugio que acababan de dejar atrás, pero su padre ya había comenzado la ascensión por aquel sendero sinuoso y no le escuchaba.

La mirada de la sirena

chematerri @ 20:58

Estaba en la popa de la pequeña embarcación que nos servía para ganarnos la vida cosiendo las redes más deterioradas. Mi compañero de pesca, Luis, había arrancado el motor para regresar cuanto antes a puerto. Había sido un día muy poco productivo. Apenas tres cajas guardaban las piezas con hielo por encima.
Miraba la estela que iba dejando el barco cuando creí ver un pez que nadaba a nuestro lado, por estribor. Me pareció muy grande, lo cual resultaba extraño, ya que la distancia a la que estábamos de la costa no era excesiva, y no suelen acercarse tanto. Me levanté y me asomé a la barandilla, pero no vi nada. Había desaparecido. No le di más importancia y continué con lo que estaba haciendo. Pero, hasta que atracamos en el puerto tuve la sensación de que alguien me miraba.

La marioneta

chematerri @ 20:57

A pesar de que cada año me regalaban más juguetes, ninguno me entretenía lo suficiente. Mis padres estaban desesperados y empezaban a pensar que era una niña mal criada, lo cual no me convenía. Así que empezaba a jugar con mis muñecas, con sus vestidos y ponía empeño, pero, nada….
Al poco tiempo la casa que estaba al lado de la nuestra se ocupó. Llevaba vacía mucho tiempo y estaba en muy malas condiciones. Me escabullí y llegué hasta el seto que separaba las dos casas. En él había una abertura que me permitía ver lo que sucedía al otro lado. Un camión bastante destartalado y con multitud de objetos que sobresalían por todas las partes, estaba aparcado en la puerta. Cerca de él pude ver a una niña más pequeña que yo, con algo que colgaba de su mano y que arrastraba de un lado a otro. Por más que lo intenté, no conseguí adivinar lo que era. Por primera vez en mucho tiempo me interesaba algo.

24/09/2007 GMT 1

El armario viejo

chematerri @ 17:36

Quien hubiese visto el contenido del baúl, habría pensado que su dueño no debería hacer mejor cosa que llevárselo a un trapero, pues todo eran ropas, en su mayor parte pertenecientes, por su tela y forma, a las modas de otro siglo, excepto uno o dos vestidos de mujer; pero ¿qué podía hacer de un traje de mujer el joven cuya imaginación se exaltaba de ese modo ante aquel armario viejo? No eran días de Carnaval...
-¡Alto! Dan las diez -repuso de pronto-. Tengo que apresurarme, no vaya a cerrar la tienda ese bribón.
Y hablando consigo mismo se abrochó el frac, se echó encima un capote de caza, bajó, franqueó la puerta, siguió por la calle Mayor hasta recorrerla casi toda, torció por una calleja y se detuvo ante el escaparate de un comercio.

Blanca como la nieve

chematerri @ 17:33

Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: "¡Ah, si pudiera tener una hija que fuera blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!". No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la madera de ébano. Pero al nacer ella, murió la Reina.

El mago triste

chematerri @ 17:31

Lentamente, con el rostro crispado como si prefiriera hacer cualquier cosa antes que aproximarse a su señor y a la alfombra en que descansaba la serpiente, el hombrecito dio unos pasos hacia adelante y comenzó a girar la butaca. La serpiente levantó su fea cabeza triangular y profirió un silbido cuando las patas del asiento se engancharon en la alfombra. Y entonces Frank tuvo la parte delantera de la butaca ante sí y vio lo que había sentado en ella. El bastón se le resbaló al suelo con estrépito. Abrió la boca y profirió un grito. Gritó tan alto que no oyó lo que decía la cosa que había en el sillón mientras levantaba una varita.

El caballero de la lanza rota

chematerri @ 17:29

Por el camino que bajaba de la montaña se acercaba un caballero. La armadura estaba maltrecha y negra, sus cabellos totalmente desordenados como si hubiese pasado un torbellino por encima de él. Llevaba arrastrando una lanza rota y los restos de lo que parecía ser un escudo. Sin embargo, su aspecto era risueño. Al fondo en una grieta del terreno se podía apreciar una columna de humo que subía hacia las nubes.

Pesadilla

chematerri @ 17:29

Cuando vino a recogerme al Colegio, mi padre tenía aspecto triste y cansado. Pero, a pesar de que le pregunté, no quiso contarme nada. Fuimos andando hasta mi casa prácticamente sin hablar. Yo no hacía más que dar vueltas pensando qué podía hacer que mi padre estuviera así. Nunca le había visto igual.

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis