La mirada de la sirena
Estaba en la popa de la pequeña embarcación que nos servía para ganarnos la vida cosiendo las redes más deterioradas. Mi compañero de pesca, Luis, había arrancado el motor para regresar cuanto antes a puerto. Había sido un día muy poco productivo. Apenas tres cajas guardaban las piezas con hielo por encima.
Miraba la estela que iba dejando el barco cuando creí ver un pez que nadaba a nuestro lado, por estribor. Me pareció muy grande, lo cual resultaba extraño, ya que la distancia a la que estábamos de la costa no era excesiva, y no suelen acercarse tanto. Me levanté y me asomé a la barandilla, pero no vi nada. Había desaparecido. No le di más importancia y continué con lo que estaba haciendo. Pero, hasta que atracamos en el puerto tuve la sensación de que alguien me miraba.

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